Solidaridad con la República de Bielorrusia

Blog dedicado a la Solidaridad con la República de Bielorrusia,foco de resistencia al mundialismo en Europa y solidario con el pueblo bielorruso,apoyando su firme determinación de construir un futuro estable y libre de las injerencias occidentales. En el blog aparecerán artículos referentes a este país,y será punto de encuentro para aquellos camaradas que quieran unirse al proyecto de crear un Comité de Solidaridad con la República de Bielorrusia.

dissabte, d’abril 29, 2006

Bielorrusia bajo presión

Bielorrusia bajo presión Desde el derrumbe de la URSS, los Estados Unidos han multiplicado los golpes deEstado para tomar el control de los países del este con el objetivo de cercar aRusia. Si bien lo lograron en Yugoslavia, Georgia y Ucrania, fracasaron enBielorrusia. Esa particularidad se debe tanto a la identidad bielorrusa como ala expulsión sistemática de los agentes estadounidenses por el gobierno deAlexander Lukachenko.Privado brutalmente del apoyo ruso, el conjunto de los Estados del antiguo Pactode Varsovia sufre presiones cada vez mayores por parte de Washington, quienintenta comprar nuevos vasallos a base de dólares. Durante el decenio siguiente,los países de Europa Central se acercan a los Estados Unidos y, en 1999, tres deellos se incorporan a la OTAN (República Checa, Hungría y Polonia).Washington se encontraba fuertemente implantada en los medios opositores a losregímenes existentes en Europa del Este, sobre todo gracias a su aparato depropaganda, Radio Free Europe.Durante el último decenio, se han sucedido las «revoluciones» en EuropaOriental, aislando a Rusia de Europa y de sus antiguos aliados del Pacto deVarsovia. Polonia, la República Checa, Bulgaria, Rumania, cayeron rápidamentebajo la esfera de influencia de Washington. En 1999, la intervención en Kosovopermitió a los Estados Unidos establecerse en los Balcanes. Luego Serbia selibró del pro ruso Slobodan Milosevic, con la ayuda de una de las primeras«revoluciones de terciopelo» patrocinada por George Soros, en el otoño del 2000.Poco a poco, la Federación de Rusia es cercada: después de los ex miembros delPacto de Varsovia, las ex repúblicas de la URSS entran en el campo de mira,según la estrategia de «rollback» (rechazo) teorizada por Zbigniew Brezinski.Desde comienzos de los 90, los Países Bálticos están integrados a la OTAN.Georgia, fiel a Washington desde su independencia, es el teatro de un golpe deEstado de terciopelo, en noviembre de 2003, luego que su presidente, EdouardChevardnadze, cometiera el error de acercarse a Moscú.En las elecciones en Ucrania de diciembre de 2004 se repite la misma situación,con la victoria rocambolesca del candidato de la OTAN, Viktor Yushchenko, frentea su adversario pro ruso, Viktor Yanukovytch. Primera tentativa en septiembre de2001 En ese contexto, Bielorrusia, que permanece cerca de Moscú, naturalmente seencuentra en el punto de mira.Rusia, que ya ha perdido su fachada marítima occidental con los Países Bálticosy ve a todos sus antiguos satélites incorporarse paulatinamente al campoatlantista, tiene en Bielorrusia a uno de sus últimos aliados en la región. Lastentativas de desestabilización ya han comenzado, lo que caracterizaría en casode éxito la última etapa antes del derrocamiento de la «Casa Putin».Esa reestructuración parece detenerse sólo con el establecimiento de gobiernospro Estados Unidos en toda la región. Objetivo final: el derrocamiento delaparato de Estado ruso, actualmente sostenido por el partido Nueva Rusia deVladimir Putin.John Kerry hizo de ello uno de sus temas de predilección durante la últimacampaña presidencial norteamericana. Vladimir Putin le respondió brindándole suapoyo sorpresa a Bush.Sin embargo, tras los éxitos alcanzados en Georgia y Ucrania, Washingtonenfrenta dificultades en Bielorrusia. Ni las advertencias del Departamento deEstado, ni el sostén a las organizaciones no gubernamentales locales, hanlogrado, por el momento, desestabilizar el régimen del presidente bielorrusoAlexandre Lukachenko.Bielorrusia es un territorio de más de 200.000 km2 que linda con Rusia al Este,Ucrania al Sur y los Países Bálticos al Oeste -lo que explica el interés de losEstados Unidos. También se halla en la ruta de las exportaciones de gas naturalde Rusia, y en su territorio se encuentra un emplazamiento de radar que vigilalas actividades de la OTAN en la región.La ampliación al este europeo es vital para abrirse un corredor al petróleo delCaspio por medio de un acuerdo militar con los Estados Unidos, que los protegecontra un posible ataque ruso.En los meses que precedieron el derrumbe de la URSS, muchos altos dirigentes delos países del Pacto de Varsovia enviaron a sus hijos a estudiar a universidadesanglosajonas, lo que permitió a los Estados Unidos preparar el cambio. En unprimer momento esa estrategia tuvo cierto éxito en los Estados de EuropaCentral.Los primeros síntomas de la voluntad de intervención de Washington enBielorrusia datan de septiembre de 2001. Mientras que el presidente saliente,Alexandre Lukachenko, se presenta a su propia sucesión, los medios decomunicación occidentales manifiestan su oposición a su régimen, el cualdescriben como «tiránico», presentándosele a él como «dictador». La campaña dedescrédito se basa en lo esencial en una comparación entre Lukachenko y SlobodanMilosevic. De esa forma, la BBC se refiere, el 6 de septiembre, a «un régimenautoritario con frecuencia comparado al del presidente yugoslavo destituido,Slobodan Milosevic». En The Guardian, Ian Traynor menciona «al último dictadorde Europa».Como en el caso de la campaña de intoxicación llevada a cabo en Haití contraJean-Bertrand Aristide en diciembre de 2003, evoca «las tropas de unidad deélite «Almaz» (...) que están aparentemente detrás de los «escuadrones de lamuerte» del régimen del cual se dice que ha asesinado o secuestrado a figuraspredominantes de la oposición durante los dos últimos años».Según Ian Traynor, la repetición de un escenario «al estilo serbio» se consideracon inquietud por Moscú: «Las discusiones en la capital, Minsk, y en Moscú giranen torno a una situación como la "de Belgrado" donde el régimen escamoteó lavictoria [electoral] a la oposición, lo que trajo como consecuencia eldesencadenamiento de una crisis política todavía más importante en la calle».Las elecciones presidenciales deben servir para derrocar al régimen pro ruso deLukachenko. En todo caso, es lo que se deduce de un editorial del New York Timesen el cual se detallan las relaciones incestuosas entre Rusia y su vecinobielorruso: «Moscú es un aliado cercano a Lukachenko, y espera sacar provecho dela situación de Bielorrusia como ruta de exportación para el gas natural ruso yemplazamiento de vigilancia por radar de las actividades de la OTAN.Incluso existen discusiones poco juiciosas en torno a la reunificación de losdos países, a fin de restablecer el vínculo político existente en época de laUnión Soviética». La advertencia del periódico estadounidense es clara: «Losintereses de Moscú estarían mejor servidos simplemente con la elección de undirigente ruso más sensato».Para ello Washington dispone de un contexto bien engrasado, experimentado conéxito en Belgrado: el New York Times afirma que «como voz política de lasdemocracias de Europa, la Unión Europea debe ayudar a los que luchan en el senode la última dictadura de Europa. El tipo de campaña coordinada entrenorteamericanos y europeos que permite impedir a Milosevic cometer fraude en laelección presidencial el año pasado podría ser eficaz en Bielorrusia.En especial, Bruselas y Washington necesitan unirse a los planes de laOrganización para la Seguridad y la Cooperación en Europa para supervisar a losmiles de observadores internacionales presentes en Bielorrusia con miras acontrolar las elecciones. La candidatura de Goncharik ofrece a los bielorrusosuna oportunidad realista de librarse del tiránico Lukachenko».Una retórica que recuerda casi palabra por palabra a la empleada en 2003 enGeorgia y en 2004 en Ucrania. Washington no escatima esfuerzos. A inicios de agosto, Radio Free Europe, elinstrumento de propaganda privilegiado de la CIA, duplica sus difusiones enBielorrusia a fin «de suministrar a los ciudadanos [del país] informacionesdetalladas y objetivas, y análisis que les serán necesarios para una eleccióninformada cuando vayan a las urnas».En los meses anteriores, el país ya había sido objeto de una campaña dedetracción internacional según la cual los «escuadrones de la muerte»realizarían operaciones de castigo en Bielorrusia, exterminando a losopositores. Dicha campaña tiene como base las revelaciones de dos antiguosresponsables de instrucción de la fiscalía bielorrusa, Dmitri Petruchkevitch yOleg Slutchek.Los dos hombres huyeron del país, primero hacia Polonia, antes de recibir asilopolítico en los Estados Unidos. Acusan a un miembro del grupo Alpha (fuerzasespeciales bielorrusas), de haber ejecutado a varias figuras importantes delpaís, sobre todo «al ex vicepresidente del Parlamento, Viktor Gontchar, al exministro del Interior Yuri Zakharenko y al hombre de negocios Anatoli Krassovski-del cual no se tienen noticias desde 1999- así como al periodista de la cadenapública rusa ORT, Dmitri Zavadski», por «comercio de armas hacia Libia e Irak,uno de los manás financieros de la tentacular administración presidencial».En el mismo período, el vocero del Departamento de Estado, Richard Boucher,denuncia «el clima de miedo» existente en el país y las condicionesorganizativas del escrutinio.Por su parte, el embajador estadounidense en Bielorrusia, Michael Kozak, declaraque los Estados Unidos sólo reconocerán los resultados si se autoriza supervisarel proceso electoral a los observadores internacionales de la OSCE.El gobierno de Lukatchenko, bajo presión, está obligado a respetar suscompromisos internacionales y a aceptar la presencia en su territorio deobservadores de la OSCE. Pero Minsk opta por el método fuerte frente a lasamenazas que hace pesar Washington sobre el país. En 1998, pasando a laofensiva, Alexandre Lukachenko hace expulsar a periodistas de una televisiónindependiente rusa.El mismo año obliga a un grupo de embajadores occidentales a mudarse de susagradables residencias en las afueras de Minsk, con el pretexto ridículo de«comprar los terrenos y los edificios a su propia empresa inmobiliaria», unamedida agresiva que provoca la partida de numerosos diplomáticos del país. Lasautoridades bielorrusas expulsan así a todos los ciudadanos extranjerossospechosos de pertenecer al dispositivo de injerencia de los EE.UU.A partir de 1997, las oficinas de la Fundación Soros en Bielorrusia ya habíansido cerradas por el gobierno, en perjuicio del Departamento de Estadonorteamericano que decidió a la sazón dar a conocer un comunicado. Porconsiguiente, la organización de las «ONG» pro EE.UU. existentes en Bielorrusiaes menos eficaz que en Ucrania y en Georgia, y el movimiento juvenil «Zoubr»,copia del movimiento Otpor instalado en Serbia, es menos eficaz de sus idénticosy actualmente muy activos, como el movimiento Pora en Kiev (capital de Ucrania)y gemelo Kmara actuando en Tbilisi (capital de Goergia).Otro punto débil del dispositivo de Washington: la alternativa política escogidapor Washington y encarnada por Vladimir Goncharik carece de credibilidad.Goncharik, ex cuadro del Partido Comunista local convertido en dirigente delmayor sindicato del país, no esconde sus preferencias: en julio de 2001, afirmaque no tiene objeción a que Bielorrusia se adhiera a la Unión Europea y a laOTAN.Para evitar cualquier injerencia en el proceso electoral, las autoridadesbielorrusas tratan además de controlar las actividades norteamericanas en esaesfera. A comienzos de agosto, confiscan material electoral puesto a disposiciónde la oposición por los Estados Unidos y «concebido para ayudar a la oposicióndemocrática del país con miras a las elecciones presidenciales».A fines de agosto, expulsan a Robert Fielding, un representante del AFL-CIO, quetrabaja por cuenta de la NED «acusado de fomentar un golpe de Estado con laoposición en caso de reelección de Lukachenko».Esos esfuerzos dan sus frutos. Contrariamente a lo que sucedió en Belgrado en1999, a lo que pasará en Georgia en 2003 y en Ucrania en 2004, el presidenteLukachenko es reelecto con más de 80 por ciento de los votos. Estados Unidos,niega toda credibilidad a la elección y habla de un escrutinio «no democrático»y «sin significación». Marie Jégo, del diario francés Le Monde, vocifera junto alos lobos evocando «un resultado digno de la época soviética». No obstante, los observadores de la OSCE, in situ, no han podido comprobaroficialmente ningún fraude, mientras que todo el mundo coincide en el hecho queel 12 por ciento obtenido por el opositor Vladimir Goncharik es ya un éxito paraél.La tregua será de corta duración para Lukachenko. Dos años más tarde, con motivode las elecciones legislativas, los Estados Unidos volverán a intentar susuerte, una vez extraídas las enseñanzas de su pasado fracaso.